Chaguaní

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15 Jul 2016 in Noticias

Autor : ArtsCollegium

Por: Clara Inés Contreras

El viaje a Chaguani….se inició con una pregunta: Y eso dónde es?

Parece increíble que seamos tan ajenos a las realidades de nuestro país, incluso viviendo en la capital, en Bogotá.

Recurrimos a internet, al señor google, para saber a dónde íbamos, con qué nos íbamos a encontrar. Entre otros datos, encontramos que Chaguani es un municipio de Cundinamarca (Colombia), ubicado en la Provincia de Magdalena Centro, con unos 23 grados centígrados de temperatura promedio, que se encuentra a 121 km de Bogotá,  con una población de 3.965 habitantes según el último censo, que viven principalmente de la agricultura y su gentilicio es: chaguaniceño.

Chaguaní en lengua indígena quiere decir varón del cerro de oro. Los primitivos pobladores de esta Región fueron los Panches.  En este pintoresco municipio de gente amable y sencilla, con calles y casas coloridas, es en el único lugar en el mundo en el que se celebra el Festival del Soltero. Dato curioso!!!

Así, con esta breve información llegamos a Chaguaní una tarde del mes de junio de 2016: Claudia –directora de la Fundación- , Francisco –el profesor de fotografía-, Alexandra y María Camila –estudiantes destacadas de la Fundación- y yo: –Clara, la psicóloga-, quienes fuimos convocados por el Rector del único colegio con el que cuenta este municipio: el sr. Jairo Guerra, quien había conocido previamente el trabajo que hacemos en la Fundación Arts Collegium, la cual tiene como objetivo trabajar con los niños y los jóvenes de zonas rurales y urbanas, acercándolos al arte como medio de expresión, y especialmente a la fotografía.   Nos enfocamos en su proceso de identidad y de afianzamiento personal

Llegamos como cualquier turista fácilmente identificable en un lugar de tan pocos habitantes; habíamos sido anunciados previamente ante los alumnos del colegio, por parte de su rector, como “un grupo de personas que venían de Paris”, así es el rector: irreverente.

El señor Guerra nos reunió la noche anterior en el único hotel del pueblo donde nos hospedábamos, y bajo la luz de la luna y con el aroma de un buen café, nos habló de la situación de los pobladores y los jóvenes de la región, la cual fue azotada por la violencia generada entre los grupos armados -hasta hace 6 años- y las secuelas que dejó especialmente en los jóvenes. Al escucharlo, parecía que nos hablaba un hombre fuera de lo común, quizás un soñador. Un hombre que se atreve a desafiar incluso a los jerarcas de la Iglesia, al hacer quitar las imágenes religiosas del único colegio público del pueblo, puede parecer o un “loco” o un “héroe”, este hombre de tono pausado y mesurado, con la utópica idea de hacer que los jóvenes de Chaguaní, silenciados por la represión generada por la violencia, pierdan el miedo y se atrevieran a exponer sus ideas ante una sociedad que pide a gritos su liderazgo.

Con muchas historias entre el café y la luz de la luna, esperamos que la noche nos cobijara para empezar al siguiente día y conocer a los jóvenes que creían que veníamos de “Paris”

Al llegar muy a las 7 de la mañana al colegio IED Fray José Ledo, nos encontramos con unas instalaciones que aunque mostraban deterioro y grietas en sus paredes, evidenciaban un renacimiento a través de los muros pintados por sus estudiantes, expresando quizás, todo aquello que siempre quisieron gritar pero que no se atrevían o no se les permitía.

Al entrar al salón dispuesto para iniciar las actividades, nos encontramos con 20 jovencitos de grado once; unos provenientes de zonas rurales y otros del casco urbano; nos presentamos y les contamos la idea del rector de ofrecerles un espacio para acercarse a la fotografía como un ejercicio de expresión en el que seguramente viajarían hacía su propia historia: su origen, sus sueños, sus emociones y tal vez sus miedos. Escuchamos sus voces tímidas al presentarse, algunos con miradas de desconfianza o tal vez de intriga.

A partir de ese momento nos conocimos y compartimos historias que iban narrando con sus fotografías, algunos llevaban el álbum de fotos familiares, otros unas sueltas y otros simplemente decían que en su casa no habían fotografías; lo cual no fue impedimento para el ejercicio, Claudia, Alexandra y yo, los escuchábamos y guiábamos en ese proceso que los acercaba a su historia personal a través de las fotografías.  La otra mitad del grupo mostraba a Francisco el “profe” de fotografía y a María Camila, los lugares más emblemáticos de su pueblo y a la vez realizaban prácticas con los conceptos que iban aprendiendo acerca del manejo de la imagen como medio de expresión.

Ese mismo día en la tarde, sentimos la conexión que se generó con los muchachos, quienes en su mayoría participaron y se arriesgaron a abrir sus corazones en ese experimento que les abrió la posibilidad de conocer un poco más de ellos mismos y su entorno.

Para hacer el cierre de los dos días de talleres, decidimos visitar la Quebrada Las Sardinas. Muchos de ellos, oriundos de Chaguaní, nunca habían visitado ese bello lugar. Se veían felices y orgullosos de su pueblo, y nunca olvidaremos sus sonrisas y algunas de sus miradas, al descubrir parte de su historia en esas cascadas.

Evidenciamos a su vez que la educación en Colombia es la base de la tan anhelada paz, que no podemos olvidar y callar a los jóvenes, que los docentes son imprescindibles en este proceso, pero que quizás algunos de ellos se han olvidado que un maestro no impone ideas, guía a sus alumnos con el mismo respeto que merecen tanto los unos como los otros.

La enseñanza para todos fue además, que los sueños pueden ser posibles; y en ese proceso es necesario saber quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra historia y nuestra posible ruta en este camino. Si no creemos en nuestros jóvenes y les ofrecemos herramientas para darles voz, perdemos toda esperanza para la construcción de un nuevo país.

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