Clara In´s Contreras Arévalo
FRAGMENTOS
Somos piezas sueltas derivadas de: la genética, comprendida por los orígenes biológicos y los ancestros familiares; el efecto ambiental, a partir de la geografía del lugar donde se nace y se habita, así como su cultura, crianza y experiencias; y la esencia, equivalente a nuestra propia naturaleza. Quiero creer que he reencarnado varias veces, me siento como un alma vieja. Quizás he sido antes insecto que ser humano. Ahora que en este plano me desempeño en mi rol de mujer, me identifico con algunas características de las libélulas y su significado, asociado a la transformación y la adaptabilidad. Existe una atracción mutua que nos conecta en ese sentido.
La bioluminiscencia es uno de los fenómenos más asombrosos de la naturaleza. Los insectos han desarrollado esta habilidad para sobrevivir y comunicarse. Con un futuro incierto debido a la contaminación y la pérdida de hábitats, es crucial proteger estas especies y sus ecosistemas para que sigan iluminando nuestras noches por generaciones. Ver un insecto brillar en la oscuridad, representa una de las maravillas más impresionantes del mundo natural. Los insectos bioluminiscentes juegan un papel crucial en sus ecosistemas. No solo son polinizadores o fuentes de alimento para otros animales, sino que también pueden servir como indicadores de la salud ambiental. La disminución de poblaciones de luciérnagas, por ejemplo, está ligada a la contaminación lumínica y la destrucción del hábitat.
Es por eso que al morir y como una forma de retribuir mi existencia, no quisiera llevarme nada. Quiero que mi cuerpo sirva para dar vida a otros seres, y no para contaminar.
En este ejercicio del autorretrato, he reflexionado acerca de cómo me veo y cómo me ven; y concluyo que soy resultado de una mezcla de esas piezas mencionadas que no encajan fácilmente. Mi esencia es casi imperceptible para muchos, así como lo son las luciérnagas; quizás porque algunas veces prefiero camuflarme para huir de los “depredadores” -como lo hacen tan magistralmente algunas especies de polillas- y que, a su vez, sueltan ese “polvillo” que molesta. Me ven en fragmentos, eso hace que sea difícil conocerme en mi totalidad. De ahí que prefiera el contraluz y el blanco y negro. Me molesta la luminosidad, esa que encandelilla y enceguece; me gusta la luz tenue; por eso me asemejo a las polillas, porque buscan la luz en las noches, para danzar libremente y sin testigos, mientras los demás están ausentes y a oscuras.

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