Emilio Apricio Rodríguez
Lo pequeño sostiene lo vital
En esta imagen pongo el cuerpo, mi historia y los colores de la Fundación Arts Collegium nuevamente. El mundo de los insectos aparece como una metáfora cercana a nuestra vida y a lo que compartimos en los talleres de fotografía en el municipio de Guasca.
Las hormigas son pequeñas, pero cuando trabajan juntas se vuelven poderosas. Son capaces de detectar lo que está mal, incluso enfermedades invisibles (como el cáncer), y actuar en silencio. Esa forma de existir, tan discreta, constante y colectiva, me recuerda que la fuerza no siempre es individual.
En el centro del pecho hay una hormiga dorada: es el tesoro que llevo en el corazón. Tiene el mismo color de la cicatriz en mi cuello y de las lágrimas que recorren el rostro. Es una marca de lo vivido en esa hormiga madre, del dolor y también de la resistencia. Las demás hormigas representan a cada una de las personas que hacen parte de la Fundación. En los momentos difíciles son ellas las que acompañan, alivian el peso y llegan hasta la mirada, ese lugar sensible donde nace la fotografía y regresa la calma.
Este autorretrato habla de comunidad, de valorar la vida y de la certeza de que incluso en la fragilidad, cuando caminamos juntos, somos profundamente fuertes.

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